jueves, 5 de enero de 2012

La confesión.

Abrió de par en par las puertas del cristiano templo, irrumpiendo ante él con la mirada desencajada y llena de un pavor desbocado y crispado.

Le recibió con fidelidad, transmitiéndole como siempre una atmósfera de recogimiento que, ahora, alcanzaba a un espíritu atormentado y perturbado.

Contempló unos instantes la escena pétrea y centenaria que se presentaba magnificente frente a sus ojos que, aún estando opacos de horror, no dejaban de iluminarse tibiamente con aquella belleza celeste, como rayos dispersos en la espesura del glaciar alcanzan a rozar las oscuras profundidades del mar.

Caminó sin ser consciente de las decisiones de sus pasos por entre los bancos de oración, ausente de sí, pero guiado por una especie de intuición hipnótica.
Su enjuta figura quedaba a intervalos iluminada por los haces de luz que los ventanales filtraban a la cámara y el sonido de sus pisadas se expandían en ecos reverberantes.

Se erguía ante él, con el labrado de distintas escenas bíblicas, el confesionario, motivación última de su desesperada llegada al suelo catedralicio. En el interior, como si esperándole estuviera, se encontraba el paternal representante del dios redentor. Tomo asiento y descargo el cansancio físico como si llevara días caminando sin pausa.

-Ave María Purísima-dijo con tono sereno y monocorde el sacerdote-.

-Sin pecado concebida- contestó el oscuro visitante con voz ronca y reconcentrada-.

-¿Qué has de confesar?-preguntó desde el otro lado de la rejilla el confesor-.

-No vengo a confesar nada ni a suplicar absolución alguna. Vengo ante su juicio sagrado a acusar, a pedir justicia y condena, si su veredicto lo determina.

-No tengo ese poder, pero puedo escucharte.

-Así sea. Comenzaré mi historia por el principio, pues el final está cerca y usted será su único testigo.

Todo comenzó hace siete días. El martes pasado lo vi por vez primera y desde entonces no ha dejado ni un momento de perseguirme, desde entonces, no he parado de huir. Pero es una fuga aparente e inútil, pues por más lejos que marche siempre sabe donde voy, y aunque se permita el paso sereno de la fatalidad, siempre termina por encontrarme.

Cuando estoy rodeado y ocupado por las fútiles ocupaciones de mi vida ordinaria, me espera paciente, a una distancia suficiente y necesaria para llamar mi atención y esconderse de la de mis semejantes. Mas al verme libre de compañía y negocio, con el alma desnuda ante la soledad; prosigue su camino, su camino hacia mí, como el asesino, como el verdugo, con el ánimo tranquilo y despiadado del que ve a su víctima sin salida.

Aunque lo peor no es esta intuición de tragedia que carga mi espíritu como la más pesada cruz cada vez que hace aparición. Lo peor es la naturaleza sobrenatural y metamorfa que le define y que se afana en mostrarme. No he sido nunca un hombre religioso, ni hasta ahora había golpeado mi buen sentido un fenómeno tan inverosímil y contrario a mi entendimiento, pero la evidencia con que mi razón acusa a mi percepción se desfallece ante la fuerza con que todo mi ser la recibe y la rechaza.

Tendrá que creer, si quiere seguir escuchándome, que aquel extraño ser que me sigue no tiene rostro y a la vez los tiene todos. Quiere que le entregue mi mirada, pero no tiene rostro y los tiene todos, todos. No puedo...no puedo mirarlo.

Su cara es como un espejo sin superficie, una neblina trémula e indefinida que cambia antes de que pueda vislumbrarla. Tan pronto parecía un hombre cuando advertía en su fisionomía los rasgos de la feminidad; a veces aparentaba rozar la senectud para terminar dándome la impresión de la más lozana juventud; ni sexo ni edad tenía esta criatura.

Tampoco ojos poseía, eso no eran ojos, eran pozos terribles. Las pocas veces que tuve la audacia de mirárselos no descubrí color alguno y, en realidad todos; me deslumbraba, me mareaba, era un arco iris colgando de una sima sin final. No era sólo el color, era más que un iris, a veces era como el mismo fuego y me quemaba por dentro; otras como el lago cristalino; tan vital y enrevesado como el despertar vegetal en primavera; o ingrávido y violento como un huracán que me llenaba de vértigo.

Su rostro hierático e inexpresivo encerraba en realidad todos los gestos representables, tantos que confundía sus mismos rasgos. Podía ver a un enemigo pero igualmente al mejor amigo, a alguien tremendamente cercano y familiar o acaso el semblante misterioso de un desconocido.

Era todas las mujeres con las que había compartido mi vida, pero al instante siguiente todos los amigos que despedí por el camino; eran las facciones de mi padre y, después, las de su madre; eran mis hijas y mis nietos y,los hijos de los hijos de mi estirpe; era la línea de mi propia sangre hacia arriba y hacia abajo en el curso del tiempo. Era todas las razas del hombre, era todos los tiranos de la historia, era todos los hombres santos que me encontré e ignoré a lo largo de mi vida y muchos otros a los que ni siquiera llegué a conocer, pero que, ante mi sorpresa, reconocía. Era una locura desfigurada y nada fragmentada de facciones que impresionaban vertiginosamente mis retinas, era un sueño y una pesadilla.

Ni siquiera era un ser humano, si me fijaba en su etérea tez intangible tan pronto me convencía de descubrir un denso pelaje, como me aseguraba la evidencia de encontrarme ante una epidermis escamada. O el más colorido plumaje, que también parecía la calcárea superficie de un óseo caparazón.

Podía confundirse el despuntar de dos finos cuernos saliendo de los extremos de su frente y si se mantenía la atención en ellos podía descubrirse la más robusta cornamenta que desaparecía ante un tercer ojo que absorbía toda visión, hasta la mía propia. Dejaba de verme para empezar a verme como parte y forma de ese rostro, entre todo ese mar de figuras y arquetipos que trasegaba mi percepción, podía intuirme con una fuerza y un esfuerzo que amenazaba con derribar mi propia existencia.

Y me persigue, no hay calma posible ni consuelo, esclavizado estoy con el temor de su presencia siempre amenazando con su aparición. A punto está de conquistar mi propia cordura, porque sé, que paso tras paso, llegará hasta mí.

Esos pasos silentes resuenan en el interior de mi cabeza, ya no puedo parar de escucharle, el sonido de su persecución me atormenta de tal manera que ha llegado a confundirse con los latidos de mi corazón, le siento acercándose, adentrándose cada vez más en mis más terribles sueños y sé, como él mismo sabe, que hoy es el último día.

Así que vengo padre, a este santo lugar a reclamar su defensa y fallo divino, a favor y gracia del impío atormentado, y en contra del ser malvado que hasta la misma puerta de la casa de dios se ha atrevido a...

Se detuvo lívido y con una palidez mortal, sus ojos se desorbitaron cargados de un horror demente e histérico, las palabras se le trababan tartamudas y balbuceantes mientras una mano temblorosa y lánguida luchaba por imponer su gesto acusador. Lo que sus pupilas dilatadas reflejaban como la luna sobre un lago negro era el rostro de las mil caras que había sido su confesor.

El ser sin rostro parecía esconder una sonrisa tras las cara inmutable de sus infinitas facciones, con voz de otro mundo le dijo:

-EGO TE ABSOLVO.

lunes, 2 de enero de 2012

Daenerys Targaryen, la mujer Dragón.


Salve Daenerys Targaryen, La Primera de su Nombre, Reina de Meereen, Reina de los ándalos, los rhoynar y los primeros hombres, Señora de los Siete Reinos, Protectora del Reino, Khaleesi del Gran Mar de Hierba. Apodada Daenerys de la Tormenta, Daenerys de Piedra, La Que No Arde.Princesa y Madre Dragón.

En tu cruel estirpe te remontas
a la mágica sangre del Dragón
que desde ti sublima y desboca
las sagradas llamas del corazón.

Tu mirada arde en fulgores violáceos
que sofoca, serena, tu aura argéntea
sombra de mujer que encubre luz de niña
en su inocencia, calla y destella.

Sueño...
...que nada en fuego
...que tiembla en hielo
...que canta y baila extraño juego.

Llamaradas llama esta pureza
que cauteriza el ánima en desaliento
desconocida eres del gélido temblor
que invoca la ausencia y apaga la pasión.

Olvidada de tu naturaleza
acallaste ese rugido que clamaba:
el Sol ilumina a la mujer
la sombra al dragón desvela
Olvida, recuerda y cree:
¡Es la sombra la luz de tu estrella!

Arde lo impuro y luce lo eterno
al calor del aliento del Dragón
despierta el alma y destierra la razón
llama al ángel y abre el infierno
Hay quien se pierde,
y quien alza el vuelo.

(Sospecho que menos ha de temer
el valiente corazón de una mujer
no es cierto para siempre
pero el hombre es semilla
y la mujer es fuente).

Entre ensueños vislumbré los últimos pasos de Daenerys,
Mis letras son tuyas por tu resurrección...

Buscó la muerte para encontrar su amor
caminó hacia el fuego, abrazó al Dragón
entregó su vida y de las cenizas...renació.